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Dos sillas. Dos personas. Una conversación.
Parece la situación más cotidiana del mundo, pero para muchos de nosotros es un reto de arquitectura emocional de alto nivel. Ya sea una cita romántica, un café con un posible amigo o un reencuentro, el miedo a no encajar suele sentarse a la mesa antes que nosotros.
Aquí tienes las claves para aprender a dejar la armadura en casa.
El Antes
Solemos cometer el error de irnos al futuro mentalmente. Con la cultura del ghosting y la falta de compromiso, vamos a los encuentros con una protección de tres capas.
* No te apegues al resultado: Si vas pensando “esta tiene que ser la buena”, dejas de ver a la persona real para ver solo tu necesidad de un resultado concreto y la futura frustración si no es asi.
* Objetivo: Conocer al otro, no convencerlo de nada. ****Si no hay una segunda vez, no es un fallo en tu personalidad; es que las piezas simplemente no encajaron en ese tablero. Y está bien asi.
El Durante
Los primeros quince minutos de una charla son solo mecanismos de defensa.
* El que habla sin parar suele estar gestionando su ansiedad.
* El que calla, muchas veces está procesando el exceso de estímulos.
Un consejo practico: Si buscas algo concreto, dilo. No hay nada más asertivo —y liberador— que decir: “Me gustaría descubrir que puede haber entre nosotros”. Eliminar el ruido de las interpretaciones te puede ahorrar muchísima energía mental.
Una buena conversación no es un interrogatorio, es un baile. Para que haya conexión real, necesitamos aplicar dos conceptos clave:
* Cero multitasking mental: Si mientras el otro habla estás pensando en qué decir para quedar bien, no estás escuchando; estás esperando tu turno.
* Autorrevelación recíproca: Si yo muestro una pequeña vulnerabilidad, te doy permiso a ti para mostrar la tuya. Ahí es donde nace el vínculo.
Algunos trucos
Si el silencio pesa o la conversación se apaga, usa estos recursos que yo mismo aplico:
* Curiosidad genuina: Cambia el “¿A qué te dedicas?” (pregunta de currículum) por un “¿Te hace feliz lo que haces hoy en día?”. Buscamos la emoción, no el dato frio.
* El puente de la observación: Si te bloqueas, habla del entorno. “Este sitio tiene una luz muy íntima, ¿te sientes cómodo en lugares así?”. Saca la presión de vosotros dos y ponla fuera por un momento.
* Abraza el silencio: Cinco segundos de silencio no son una tragedia. Si no te asustas con eso, la otra persona se relajará al sentir que no tiene que esforzarse por rellenar los huecos.
Mis aprendizajes
He estado en los dos extremos y en ninguno encontré la conexión:
* La etapa del silencio: Me limitaba a observar. Generaba misterio, pero acababa atrayendo a personas que solo buscaban a alguien que les escuchara hablar de sí mismas.
* La etapa del “profesor”: Monopolizaba la charla contando anécdotas para tapar mi propia ansiedad. La gente se interesaba, sí, pero yo volvía a casa sintiendo que no había conectado con nadie.
Hoy busco el punto medio: Escucho con curiosidad absoluta y aporto mi parte solo cuando siento que hay un espacio común. No interrumpo para contar mi historia; espero a que la tuya resuene en la mía.
El Después
Al terminar, solemos caer en el “análisis forense”: ¿Qué quiso decir con eso? ¿Le habré caído bien?
Deja de ser el juez de tu propia actuación. Las relaciones humanas no son matemáticas. Si te has mostrado tal cual eres, ya has cumplido tu parte (Y si no, también). Cada conversación es un entrenamiento para la siguiente y una oportunidad para conocerte un poco mejor a través del espejo del otro.
Si sientes que estos encuentros te generan una ansiedad difícil de gestionar o que siempre caes en los mismos patrones, podemos trabajarlo juntos. No para que seas “el alma de la fiesta”, sino para que te sientas cómodo en tu propia piel social.
[Cuéntame en qué punto estás rellenando este formulario]
Me encantará conocer tu historia y acompañarte en este proceso, a tu ritmo y sin juicios. Al final, todos estamos aprendiendo a ser humanos.
Nos vemos la semana que viene.
Edgar.
By Edgar OchandorenaDos sillas. Dos personas. Una conversación.
Parece la situación más cotidiana del mundo, pero para muchos de nosotros es un reto de arquitectura emocional de alto nivel. Ya sea una cita romántica, un café con un posible amigo o un reencuentro, el miedo a no encajar suele sentarse a la mesa antes que nosotros.
Aquí tienes las claves para aprender a dejar la armadura en casa.
El Antes
Solemos cometer el error de irnos al futuro mentalmente. Con la cultura del ghosting y la falta de compromiso, vamos a los encuentros con una protección de tres capas.
* No te apegues al resultado: Si vas pensando “esta tiene que ser la buena”, dejas de ver a la persona real para ver solo tu necesidad de un resultado concreto y la futura frustración si no es asi.
* Objetivo: Conocer al otro, no convencerlo de nada. ****Si no hay una segunda vez, no es un fallo en tu personalidad; es que las piezas simplemente no encajaron en ese tablero. Y está bien asi.
El Durante
Los primeros quince minutos de una charla son solo mecanismos de defensa.
* El que habla sin parar suele estar gestionando su ansiedad.
* El que calla, muchas veces está procesando el exceso de estímulos.
Un consejo practico: Si buscas algo concreto, dilo. No hay nada más asertivo —y liberador— que decir: “Me gustaría descubrir que puede haber entre nosotros”. Eliminar el ruido de las interpretaciones te puede ahorrar muchísima energía mental.
Una buena conversación no es un interrogatorio, es un baile. Para que haya conexión real, necesitamos aplicar dos conceptos clave:
* Cero multitasking mental: Si mientras el otro habla estás pensando en qué decir para quedar bien, no estás escuchando; estás esperando tu turno.
* Autorrevelación recíproca: Si yo muestro una pequeña vulnerabilidad, te doy permiso a ti para mostrar la tuya. Ahí es donde nace el vínculo.
Algunos trucos
Si el silencio pesa o la conversación se apaga, usa estos recursos que yo mismo aplico:
* Curiosidad genuina: Cambia el “¿A qué te dedicas?” (pregunta de currículum) por un “¿Te hace feliz lo que haces hoy en día?”. Buscamos la emoción, no el dato frio.
* El puente de la observación: Si te bloqueas, habla del entorno. “Este sitio tiene una luz muy íntima, ¿te sientes cómodo en lugares así?”. Saca la presión de vosotros dos y ponla fuera por un momento.
* Abraza el silencio: Cinco segundos de silencio no son una tragedia. Si no te asustas con eso, la otra persona se relajará al sentir que no tiene que esforzarse por rellenar los huecos.
Mis aprendizajes
He estado en los dos extremos y en ninguno encontré la conexión:
* La etapa del silencio: Me limitaba a observar. Generaba misterio, pero acababa atrayendo a personas que solo buscaban a alguien que les escuchara hablar de sí mismas.
* La etapa del “profesor”: Monopolizaba la charla contando anécdotas para tapar mi propia ansiedad. La gente se interesaba, sí, pero yo volvía a casa sintiendo que no había conectado con nadie.
Hoy busco el punto medio: Escucho con curiosidad absoluta y aporto mi parte solo cuando siento que hay un espacio común. No interrumpo para contar mi historia; espero a que la tuya resuene en la mía.
El Después
Al terminar, solemos caer en el “análisis forense”: ¿Qué quiso decir con eso? ¿Le habré caído bien?
Deja de ser el juez de tu propia actuación. Las relaciones humanas no son matemáticas. Si te has mostrado tal cual eres, ya has cumplido tu parte (Y si no, también). Cada conversación es un entrenamiento para la siguiente y una oportunidad para conocerte un poco mejor a través del espejo del otro.
Si sientes que estos encuentros te generan una ansiedad difícil de gestionar o que siempre caes en los mismos patrones, podemos trabajarlo juntos. No para que seas “el alma de la fiesta”, sino para que te sientas cómodo en tu propia piel social.
[Cuéntame en qué punto estás rellenando este formulario]
Me encantará conocer tu historia y acompañarte en este proceso, a tu ritmo y sin juicios. Al final, todos estamos aprendiendo a ser humanos.
Nos vemos la semana que viene.
Edgar.