Un amigo llegó cinco minutos tarde a un café y casi pierde a su novia. Dos semanas después, un cliente mío perdió un contrato de seis cifras por el mismo motivo exacto, sin que nadie se lo dijera a la cara. Nadie firmó un "no". Simplemente dejó de contestar.
Aquí va la parte incómoda: llevamos años vendiendo la idea de que hablar bien español o bien polaco es la llave que abre cualquier negocio internacional. Es mentira, o al menos es una mentira a medias. Puedes conjugar perfecto y de todos modos reprobar el examen que de verdad importa, uno que nadie te dice en voz alta que estás presentando. En España ese examen se hace en una mesa, a lo largo de dos horas, y si llegas con la agenda cerrada y prisa por hablar de cifras, ya perdiste puntos antes de sentarte. En Polonia el examen es otro: llegas tarde cinco minutos y, aunque nadie te lo diga, ya sembraste la duda de si vas a cumplir el contrato que estás negociando.
En este episodio cuento cómo até esas dos historias —la del café y la del contrato— y qué reglas, opuestas entre sí, gobiernan la confianza en cada país. Si crees que la simpatía y las ganas alcanzan para cerrar un negocio fuera de tu país, este episodio te va a incomodar un poco. Esa es la intención.