En esta oportunidad es, o se acepta la coyuntura y se lamenta lo inevitable o aceptamos la coyuntura y se busca la mejor opción posible. Hay voces -no acá, en este espacio- que sugieren con tino que ese retroceso deportivo va a repercutir porque no jugar el Super Rugby implica salirse de la NBA y eso acarrearía un achicamiento en todas las estructuras. Eso es tan indiscutible como que si la salida se da, habrá que administrar otra realidad económica y deportiva y lo poco que se podrá hacer con eso tendrá como objetivo que ese standard conseguido se repercuta lo menos posible.
Sobre eso y la facilidad de la UAR para abrirse frentes de batalla gratis: Lisandro Olearo, Federico Espósito, Martín Quetglas y Eugenio Astesiano.