Hay temporadas en la vida cristiana en las que seguimos creyendo, seguimos orando y seguimos caminando, pero por dentro el alma se siente seca, cansada y lejos de Dios.
El Salmo 42 nos permite escuchar el clamor de un creyente que tiene sed del Dios vivo. Llora, recuerda, hace preguntas y siente las olas pasar sobre él. Sin embargo, en medio de su abatimiento, aprende a hablarle a su propia alma:
“Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.”
En este sermón vemos que la fe no consiste en negar el dolor. Podemos llorar, sentirnos abatidos y llevar preguntas honestas delante del Señor. Pero también necesitamos recordar quién es Dios, volver una y otra vez a su verdad y no permitir que nuestras emociones tengan la última palabra.
El Salmo 42 finalmente nos dirige a Cristo, quien entró en nuestro dolor, cargó con nuestro pecado y abrió para nosotros el camino hacia la presencia de Dios.
El alma puede estar abatida, pero Dios no está derrotado.
📖 Salmo 42:1–11
🎙️ Cuando el alma tiene sed y Dios parece estar lejos
Predicador: Pastor Ovidio Pineda