Hoy he hecho lo que todos debiéramos hacer,
buscar un paraíso y tejer el primer beso del día,
sonreírle al sol y tirar allá lejos la licantropía,
la prisión que embargaba la arcadia de mi vida,
no estar cabizbajo ni meditabundo más bien mirar
al mundo con la frente muy alta, con los ojos arriba,
y volver a sentir la arena entre los pies, tirar las zapatillas
y dar aquella sensación olvidada a mis dedos.
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Andar hasta las rocas allá con el rumbo perdido,
saludar a un amigo que ya había olvidado,
usar gafas de sol, y guardar el reloj que vivía conmigo
matando aquel tic-tac trasformado en latidos
como del corazón.
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Ser techo y horizonte de la isla en que vivo,
ser grito entre la bruma, ser grama abandonada
al fuego de unos locos que pintan de llamas
destruyéndolo todo fracturando la piel y el cuerpo de los montes.
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Hoy he hecho lo que todos debiéramos hacer
Jugar con saltamontes y buscar mariposas,
y aquellos bichos grises que se volvían como bolas
pequeñas, y gusanos de tierra para ir a pescar
e intentarme traer algún buen ejemplar
de chicharro de plata,
y volver al origen y a coleccionar corales
que ya son esqueletos blancos como piedras de sal, como arena de playa.
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¡Ay! Los charcos, los pantalones rotos,
pisadas en la escarcha al reflejo del sol
y aquella nariz roja junto a los sabañones
del frio en la mañana en el amanecer cuando solíamos ir al cole de doña Encarna.
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Chema Muñoz©