Son tiempos en los que no es claro reconocer la verdad de la mentira, ya que esta última ha sido tan endulzada que la verdad misma ya es amarga y difícil de asimilar. Pero, ¿dónde están los valientes que a pesar de que la verdad sea un bocado duro, la defiendan y la proclamen? ¿Dónde están los padres valientes que enseñan a sus familias a amar a Dios y sus valores? ¿Dónde está el hambre y sed de Dios?