Firefox, debido a la errática dirección de Mozilla, ha ido a peor con el paso de los años, y lo peor es que no está cuidando el único bastión que le queda: el escritorio GNU/Linux.
Debido al último gran bug que tuvo Firefox la semana pasada, el cual dejó la aplicación inutilizable durante dos días, he decidido cambiarlo por Zen, otro navegador web basado en Firefox, que se ciñe más a lo que estrictamente debería hacer este tipo de aplicación y que fortalece uno de los puntos en los que Firefox es superior a Chromium: el soporte de Wayland.