Las promesas que Jeremías comparte llega a su culmen cuando profetiza que Dios mismo hará “surgir un renuevo en el tronco de David: será un rey justo y prudente y hará que en la tierra se observen la ley y la justicia.” Esta profecía dirige nuestros corazones al evangelio de hoy. Jesús es ese “Renuevo del tronco de David, rey justo y prudente.”