Como creyentes, nuestras acciones tienen una responsabilidad mutua, sin embargo nuestra única responsabilidad moral es ante Dios. Es importante recordar que la gracia de Dios no implica que tolere el pecado. Una correcta relación con Cristo implica humildad y honestidad. A medida que permitimos que el Espíritu Santo nos llene, el fruto natural será la generosidad.