Dios ha depositado paquetes de gracia a lo largo de nuestro camino de obediencia. Cuando nos detenemos entre los depósitos y nos quedamos sin la siguiente entrega de gracia, una raíz de amargura brotará en nuestros propios corazones y mentes.
Tal vez, como Jonás, nos aferramos a nuestras propias imaginaciones y deseos vanos que nos llevan por un camino diferente, lejos de la gracia de Dios y al lugar de nuestra propia elección.
En lugar de volvernos cínicos y de culpar a Dios y a los demás por nuestro estado de desgana, debemos dejar de lado nuestros propios planes y nuestras autointerpretaciones de la voluntad de Dios para nuestras vidas y volver al camino de la gracia.