En una cultura que trivializa la pureza y distorsiona el propósito de la sexualidad, la Palabra de Dios nos llama a vivir en santidad. En 1 Tesalonicenses 4:3-8, el apóstol Pablo nos recuerda que la voluntad de Dios es nuestra santificación. Este episodio nos confronta con una verdad clara y contracultural: la forma en que vivimos nuestra sexualidad refleja nuestra relación con Dios. Más que reglas, se trata de honra, dominio propio y reverencia por Aquel que nos ha llamado a una vida santa.