La fragilidad de nuestra rutina diaria se hace evidente cada vez que la tierra tiembla. A lo largo de este año, han pasado 12 terremotos de 7.1 a 7.8, que mantienen al mundo en una tensa expectativa de cuál sea el próximo país. En momentos de incertidumbre y dolor como este, la empatía es indispensable para levantar el ánimo y la confianza, pero en medio del temor resuenen con fuerza estas palabras de Salmos 46:1-3 «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza.»