Hoy a través de la radio nos hemos sumergido en tradición, en historia y por supuesto en recuerdos y en recetas, que han pasado de generación en generación y por supuesto se han adaptado a los gustos y tendencias de las épocas.
Entre montes verdes, cocinas con humo lento y manos que repiten gestos aprendidos sin libros, nacieron las casadiellas. Un dulce humilde, hecho de nuez, anís y azúcar, envuelto en una masa fina que se fríe hasta dorarse, como si el tiempo también se quedara crujiente por fuera y tierno por dentro.
Dicen que en Asturias las casadiellas no se inventaron: se heredaron. Pasaron de abuela a nieta, de fiesta en fiesta, de boda en boda, guardadas en paños blancos y sacadas solo cuando había algo importante que celebrar. Eran el postre del Antroxu, de las navidades y el premio tras el trabajo duro, el sabor que esperaba al final del camino.
Cada mordisco contaba una historia: la de los pueblos, la de los mineros, la de las casas donde el anís perfumaba el aire y la cocina era el corazón del hogar. No eran solo un dulce; eran un gesto de cariño, una forma de decir “siéntate, come, quédate un poco más”.
Hoy queridos oyentes hemos recordado les casadielles, porque hay tradiciones que no se pierden… porque saben exactamente a dónde volver, y hoy han vuelto a la radio.