El madrileño Esteban Fernández falleció al menos dos veces. La primera vez, siendo ya el protagonista silencioso de la comitiva fúnebre, se puso a gritar desde el ataúd. Y casi muere de verdad del batacazo que se dio cuando quienes portaban el féretro salieron corriendo. Esteba Fernández tenía un tiovivo en el Paseo de las Delicias, y todos lo conocían por ese mote, el del 'tíovivo'.