A finales del siglo XIX, la vacunación de la viruela se suministraba en Asturias por medio de centros de vacunación como los de Santiago Laruelo, practicante, callista y peluquero. Se hacía extrayendo el pus de la vaca, presente en el hospital, directamente, para ser aplicado a los niños. Así se desarrollaron las primeras vacunas de la Historia