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Emma estaba muy, muy contenta, porque ese día cumplía cuatro años. Y todos sus amigos iban a venir a su fiesta de cumpleaños. A Emma le gustaban mucho las frutas del bosque y, junto a sus amigos, la ardilla Noli y el gusanito Gusi, se encaminó hacia bosque, a coger arándanos, moras y frambuesas para hacer una gran tarta de cumpleaños.
Pero al llegar al río que tenían que cruzar para entrar en el bosque, se encontraron con una desagradable sorpresa... ¡El puente había desaparecido! Y no podían cruzar el río.
Mientras Emma y Noli iban a buscar dónde estaba ahora el puente, el pequeño Gusi se quedó esperando en la orilla del río... Pero, ¡ay, ay, ay! …Apareció de pronto el cocodrillo Pillo que era muy astuto y tramposo...
En Monteclaro, el pueblo de Emma, todos vivían tranquilos y felices… Hasta que un día pasó por el pueblo la bruja Burlona, volando en su escoba.
Burlona no era una bruja malvada. Pero sí era muy bromista y alocada. Y ese día, mientras volaba sobre el pueblo subida en su escoba, la bruja lanzó un hechizo mágico gritando con su voz chillona: “¡Abracadabra, que las flores pierdan sus colores y sean, ahora, del mismo color gris que mi sombrero!… ¡Y así se quedarán! ¡Plis, plas! ¡Plis, plas!… ¡Que se vayan los colores ya!
Y mientras la bruja se alejaba volando y riendo a carcajadas, todas las flores de bellos colores se convirtieron en flores de color gris…
Emma, con la ayuda de sus amigos, la eriza Tika, la abeja Picopica y el dragón Rufo, intentará romper el hechizo de la bruja para que vuelvan los colores.
Emma es una niña muy alegre, lista y curiosa. Quiere aprender todo y de todo para enseñárselo después a sus amigos, como el dragón Rufo, Osito, la ardilla Noli, Tika la eriza o el pájaro Pipo. Porque Emma es un poco profesora. Y un poco maga, también.
Un día, mamá Miriam le enseñó a sembrar semillas, para tener fresas, tomates y otras frutas y verduras en el jardín. Y, ese mismo día, Emma hizo de profesora y enseñó a sembrar a Osito, su mejor amigo. Pero, pero… Osito sembró una semilla de la que nació una planta muy, muy, muy especial.
En esta Historia de Emma, el mago Tata y papá tendrán que ayudar a Emma a superar las pesadas travesuras de la bruja Burlona.
En el jardín de Emma había un gallinero. Con un techo rojo y una gran puerta por la que entraban y salían corriendo los dos pollitos que vivían allí con su mamá, la gallina Catalina.
Todas las mañanas, mamá gallina ponía un huevo y los pollitos Pepe y Pito lo sacaban a la puerta del gallinero haciéndolo rodar, para que Emma lo viera cuando venía a traerles la comida.
Un día, mientras jugaban, oyeron a mamá Catalina cacareando muy enfadada. Los dos pollitos, asustados, regresaron corriendo al gallinero. Y al llegar, encontraron a mamá gallina muy triste… ¡El huevo estaba roto!… ¿Quién habría sido?
Y, el día siguiente, volvió a suceder: ¡Alguien había roto el huevo. Y se lo había comido! Catalina y los pollitos, tristes, pidieron ayuda a su amiga Emma… ¡Y Emma tuvo una gran idea!
Una mañana Emma se despertó sobresaltada al oír golpes muy fuertes en el cristal de su ventana. Emma se frotó los ojos, miró a la ventana… Y vio que era Pipo, su pajarito amigo de color amarillo.
¿Qué había pasado? Todos los días el pajarito la despertaba cantando. Pero esa mañana Pipo no cantaba, sino que no paraba de revolotear, nervioso, dando picotazos en el cristal de la ventana.
“¡No hay agua en el río!… ¡El agua del río ha desaparecido esta noche, Emma! ¡Y los peces y los patitos no pueden nadar ni beber!… ¡Ven, ven corriendo al río!”, dijo Pipo asustado.
¿Por qué no hay agua en el río?… Emma tiene que averiguar qué ha pasado y ayudar a sus amigos, los animalitos que viven en el río.
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