Hay algo que confronta profundamente: no basta con saber de Dios… hay que buscarlo de verdad. El versículo dice: “y me buscarán y me hallarán, porque me buscarán de todo corazón”. Y ahí está la clave: de todo corazón. No a medias. No solo en crisis. No como último recurso.
Muchas veces queremos respuestas sin relación, milagros sin entrega, paz sin rendición. Y luego nos preguntamos por qué no encontramos a Dios. Pero Dios no se esconde… se revela al que lo busca sinceramente.
El problema no es la distancia de Dios, es la profundidad de nuestra búsqueda. Buscarlo implica honestidad, abrirle lo que somos sin filtros: dudas, miedo, cansancio… todo.
Y en ese lugar real, sin máscaras, es donde Él empieza a mostrarse. No como lo imaginábamos… pero sí como lo necesitábamos.