En el corazón de Europa, donde los picos nevados arañan el cielo y los bosques se extienden como un manto oscuro e impenetrable, se alza la Montaña del Lobo. Su silueta, imponente y amenazadora, asemeja a un lobo colosal con las fauces abiertas, como si estuviera a punto de devorar el mundo. Locales susurran historias sobre la montaña, historias que hielan la sangre y que han pasado de generación en generación.
Se dice que en las noches de luna llena, cuando la niebla se enrosca entre los árboles como dedos espectrales, la montaña despierta. Aullidos escalofriantes, que no provienen de lobo alguno conocido, resuenan en el valle, despertando temores ancestrales en aquellos que osan aventurarse cerca. La montaña, se dice, guarda un secreto terrible y antiguo.