La transición política chilena se caracterizó, en principio, por su moderación, pero también por ser la más prolongada de América. Quedó diseñada como producto de alta ingeniería en esos ciclotrones de ideas que fueron los centros de estudio (los famosos think tanks) durante el régimen castrense.
Grupos de analistas sociales creyeron inventar el parto sin dolor, es decir, la transición sin ruptura.