La Palabra, mis queridos hermanos, es el camino que nos llevará a la felicidad, debe ser la única verdad que rija nuestros criterios y es lo que nos garantiza, aquí en la tierra, una vida de abundancia y en el cielo, una vida eterna junto a Él. Acompáñame en esta reflexión y preguntémonos a quién hemos estado siguiendo durante todo este tiempo. De esta respuesta dependerá si es que estaremos, como dice la Escritura, junto a Cristo en la casa del Padre. Aprovechemos pues, este tiempo de Pascua para testificar a Aquel en quien creemos.