Jesús comisionó a sus discípulos para que proclamasen una fe y un culto que no encerrasen idea de casta ni de país, una fe que se adaptase a todos los pueblos, todas las naciones, todas las clases de hombres.
Haciendo la obra de Cristo es como la iglesia tiene la promesa de su presencia. “Id, doctrinad a todas las naciones.” dijo; “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Descuidar esta obra es exponerse con seguridad a la debilidad y decadencia espirituales. Donde no hay labor activa por los demás, se desvanece el amor, y se debilita la fe.