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En algún punto todos nosotros estábamos perdidos, pero hay algo con Jesús que aun cuando caminaba sobre la tierra, él estaba con las personas, camino por calles, almorzaba con pecadores, siempre compartió con las personas, no le tenía miedo a la multitud o si alguno apestaba, el solo vino como siervo.
Alguien lo dijo de esta manera divertida: Sigue tu corazón, pero lleva contigo tu cerebro. Más que nada necesitamos confiar en el Señor con todo nuestro corazón.
Al enemigo no le gusta que prediquen las buenas noticias, pero nosotros tenemos a Dios en nuestra barca para hacerlo.
Es flexible según su entorno para predicar el evangelio a todos; el mensaje no cambia; los métodos pueden cambiar porque tenemos diferentes peces, pero no podemos comprometernos a nosotros o la palabra de Dios.
Uno tiene que saber que es lo que está pescando, tiene que ser muy estratégico en como tiene que pescar, hay que tener la paciencia suficiente para saber como pescar, cuando yo voy y pesco puedo tener la mentalidad de hacerlo con escopeta, y hay gente que evangeliza a punta de escopeta, pero esta no es la manera más eficiente de ir de pesca.
Creo firmemente en mi corazón que, si queremos ver niveles mayores de la presencia de Dios en nuestra vida, necesitamos tener un corazón lleno de humildad en nuestro corazón.
Esa sangre que Jesús derramó en la cruz, no es solo para la iglesia; es para todos. De tal manera amo Dios..., ¿a la iglesia o a quién más amo?, al mundo para que todo aquel en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.
La palabra prevalecer es: ganar o vencer; entonces la vida de Dios de hecho conquista las tinieblas.
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