Si bien el propósito primario y superior de su relación con Dios es glorificarlo y honrarlo, del establecimiento, crecimiento y fortalecimiento de esta relación, dependen las demás áreas de su vida. A menudo usted ha tratado de ser un mejor esposo, un mejor padre, o empleado, y no ha podido. Otras veces usted ha tratado de dejar aquellas malos vicios y costumbres que tanto han afectado su hogar y trabajo, y tampoco ha podido. La pregunta es ¿por qué… por qué… por qué usted no ha podido cambiar estas anomalías que perjudican su interacción en las esferas familiar, eclesial y laboral? ¡Respuesta fácil! Porque aún usted no se ha esmerado por quitar las anomalías de en medio de la esfera personal… porque su relación con Dios es débil, intermitente, fría, llena de religiosidad en lo exterior y carente de pasión en el corazón… su vida en su hogar quizás es un desastre y su vida en su trabajo es una tortura, porque usted ha creído en vano que puede ser próspero en esas esferas, al tiempo que su esfera personal yace en ruinas.