Entonces, mis hermanos, la conclusión es sencilla: En lo tocante a los asuntos de la iglesia, el pecado de nosotros, y el pecado de otros (sean estos impíos o hermanos) siempre tendrá efectos negativos en nuestras esferas eclesiales. PERO… sucede algo muy interesante y quizás esto no sea tan evidente para muchos: no sólo nuestro pecado afecta la iglesia, sino que el pecado de la iglesia también tiene la potestad de afectar a sus miembros; es decir, el pecado de desobediencia de la iglesia a nivel colectivo (cuando por ejemplo desobedece a Dios en la adoración o cuando no ejerce la disciplina) tiene la potestad de afectar negativamente a sus miembros.