Imagina que eres el portador de una buena noticia y una mala noticia, normalmente
nosotros preguntamos, ¿Cuál quieres oír primero? dejamos que la persona decida y así
colocamos la culpa en la persona de sus emociones ante la noticia.
Pero en el caso de José, vemos que independientemente, él era fiel a lo que Dios
tenía que decir, y Dios mismo lo ha ido entrenando para que en todo lo que diga o
haga, traiga gloria a Dios y no a él mismo.