Para creer y confiar en Dios, hay que desarrollar una amistad con El, en la medida que lo hacemos y comprobamos que nos oye y responde, que nos abre caminos, nuestra fe se agiganta. Pero primero de conocerle, nos lo tuvieron que presentar, o se nos tuvo que presentar como hizo con Saulo o la mujer samaritana.