El río Jordán no era solo un río: era una barrera entre Israel y la tierra prometida.
Representaba el último obstáculo antes de ver cumplidas las promesas de Dios.
Así como Israel, todos tenemos un “Jordán” en nuestras vidas: situaciones que intentan detenernos y alejarnos del propósito de Dios.
Pero la tierra prometida sigue allí: el lugar de plenitud, favor y cumplimiento de las promesas de Dios.
Hoy Dios nos recuerda que ningún obstáculo es más grande que el Dios que te prometió avanzar.
Confía, camina y no te detengas.