Llegamos ahora al capítulo diez de Nehemías, pero para comprender adecuadamente lo que sucede aquí necesitamos recordar las últimas palabras del capítulo anterior. La división entre capítulos resulta útil para localizar los textos, aunque en este caso puede hacernos perder de vista que Nehemías 10 continúa directamente lo ocurrido en Nehemías 9.
Después de aquella extensa oración, después de recordar la fidelidad de Dios y la infidelidad de Israel, después de confesar públicamente sus pecados y reconocer que Jehová había sido justo en todo cuanto había venido sobre ellos, el pueblo llegó a una decisión concreta. Nehemías 9:38 dice: «A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes» (Nehemías 9:38).
La expresión «a causa, pues, de todo esto» es fundamental. El compromiso que encontraremos en el capítulo diez no apareció repentinamente. Había detrás de él todo un proceso espiritual. El pueblo había escuchado la Palabra de Dios, había comprendido su historia a la luz de esa Palabra, había reconocido sus pecados, había confesado la justicia del Señor y había experimentado un profundo quebrantamiento.
Ahora había llegado el momento de actuar.
Y aquí encontramos una característica indispensable del verdadero arrepentimiento. Cuando la Palabra de Dios penetra seriamente en el corazón, termina produciendo decisiones. Una persona puede emocionarse durante una exposición bíblica, puede conmoverse durante una oración y hasta puede reconocer intelectualmente que necesita cambiar, pero llegará inevitablemente el momento en que deberá decidir qué hará con aquello que ha comprendido.
Santiago escribió: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22).
El pueblo de Jerusalén había oído. Había llorado. Había confesado. Ahora estaba dispuesto a obedecer.
El capítulo diez registra precisamente esa determinación. Encontraremos nombres que, a primera vista, quizá parezcan poco interesantes. Sin embargo, esos nombres poseen una importancia extraordinaria, porque representan personas reales que estuvieron dispuestas a asociarse públicamente con el compromiso asumido delante de Jehová. No quisieron que aquella renovación espiritual quedara reducida al recuerdo de una reunión emocionante. Estaban dispuestos a comprometer su nombre, su conducta, sus familias y su futuro con la voluntad de Dios.
Consideremos, entonces, esta primera parte de Nehemías capítulo diez bajo el tema El compromiso del pacto.