Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Salmo 23:4
No es necesario pasar por el valle, es nuestra decisión; sin embargo, Dios no nos deja sin protección: su vara es disciplina, el cayado da dirección, ambas cosas nos señalan seguridad.
El hijo pródigo nos representa a nosotros cuando nos rebelamos contra nuestro Padre Celestial, pero no importa a dónde hayamos ido ni lo que hayamos hecho, el Padre Celestial desea que regresemos a casa, Él halla gran gozo en perdonar al que se arrepiente.