Pr. Roberto Rosciani
11/01/2026
SOLO DESEA QUE LO CONOZCAMOS (Un novio apasionado)
Desde hace 5 años como iglesia alineamos todos los campamentos y retiros de inicio de año a una Palabra de Dios. Este año nos alineamos con la se encuentra en el libro de Oseas 6:3 y hoy quiero compartirles uno de los tantos aspectos de ella.
Dice la Palabra del Señor en OSEAS 6:1-6 PDT (Contexto: Hace referencia a Israel y Judá que no se arrepienten de la división que generaron. Cuando muere Salomón y como consecuencia de su desobediencia el reino de Israel en manos de Roboam su hijo se divide en dos; Israel con 10 tribus al norte y Judá y Benjamín al sur) El texto dice así:
1 "Volvamos al Señor. Él nos destrozó, pero nos sanará. Nos hirió, pero nos vendará la herida."
2 "En dos días él nos volverá a dar la vida, y al tercer día nos pondrá en pie. Entonces podremos vivir en su presencia."
3 "Esforcémonos por conocer al Señor, hasta estar tan seguros en él como de que el amanecer llegará. El Señor vendrá a nosotros como la lluvia, como el agua fresca que cae sobre la tierra»."
4 "El Señor dice: «Efraín*, ¿qué voy a hacer contigo? Judá, ¿qué voy a hacer contigo? La fidelidad de ustedes es como las nubes de la tarde o como el rocío de la mañana, desaparece rápidamente."
5 Por eso los destruí con las palabras de mi boca; los he atravesado con mis profetas.
6 "Lo que yo deseo de ti es fiel amor y no sacrificio. Quiero que ustedes me conozcan, no que me hagan ofrendas."
El profeta cuenta lo que los israelitas decían (culpaban a Dios de haber sido destrozados heridos) y declara que una consecuencia de la división entre Judá e Israel es que el Señor se ha retirado hasta que el pueblo vuelva (esa es la razón de sus males); Oseas expresa lo que hay en el corazón del Señor (vv.6) y anima a hacer una cosa: Esforzarse por conocerlo. El significado de conocerlo acá es paralelo a hesed, El “amor hesed” es el amor fiel, misericordioso e incondicional de Dios, ligado al pacto y a la lealtad. No es solo un sentimiento, sino una acción constante de gracia y fidelidad hacia su pueblo, incluso cuando éste falla. No depende de mérito humano sino de su fidelidad.
Cuando se trata de conocer a Dios, la Biblia es el instrumento indicado para iniciar este conocimiento porque está repleta de situaciones e historias que nos cuentan quién es El y cómo es. Nos revela su carácter.
Y como lo importante, lo que El desea, es que lo conozcamos; vamos a enfocarnos hoy en conocer un aspecto del carácter del Señor.
Si hay algo que nos cuesta mucho entender, es que: no es posible ganarse el amor de Dios. De hecho, a menudo intentamos comprar lo que no puede ser pagado.
La verdad es que Dios quiere tener una relación de amor e intimidad con nosotros. Y eso también cuesta entender porque en esta vida intimidad no siempre tiene que ver con amor.
La Biblia nos muestra la visión y el compromiso de Dios con la iglesia utilizando la metáfora del novio y la novia.
El mismo Dios que en Oseas pide amor fiel, en Efesios se revela como Cristo, el Novio que entrega su vida por su amada.
Por eso, hoy quiero presentarles a Jesús el Novio.
Las personas cuando se enamoran, entregan sus vidas. Renuncian a sus horarios, sus finanzas e incluso sus cuerpos por la oportunidad de estar con el otro. Aún los más duros se convierten en románticos indefensos cuando se enamoran.
Sin embargo, muchos no ven el compromiso de Jesús con la iglesia desde esta perspectiva. Aunque defectuosa y rota, la iglesia es a la que Jesús ama.
Pablo escribió esto a los Efesios (5:25-27 NBLH) “Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio El mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha”
Es interesante que Jesús no ve a la iglesia simplemente a través de una lente doctrinal, moral, ética o sociológica; la ve a través de una lente de pacto. (Como el matrimonio)
Leí hace poco un texto que mencionaba que en Génesis 1 y 2, la Biblia comienza con una mujer y un hombre. En Apocalipsis 21 y 22, la Biblia termina con una mujer y un hombre. La Biblia comienza con una boda y termina con una boda. Comienza con un matrimonio y termina con un matrimonio. Esto significa que tu Biblia es esencialmente una historia de amor.
Jesús no está comprometido con la iglesia porque tiene que estarlo; está comprometido con la iglesia porque quiere estarlo. Dios está enamorado de la novia, y el nombre de la novia es iglesia (Esa que somos y formamos todos aquellos redimidos por su sacrificio en la cruz). Jesús no está obligado a amarnos; Él eligió amarnos.
Podemos ver esta metáfora de la boda desde el principio de la redención. Cuando Dios usó a Moisés para llamar a los hijos de Israel a su destino, hizo cuatro promesas (Éxodo 6:6-7): Te sacaré. Te rescataré. Te redimiré. Te llevaré conmigo.
Estas cuatro promesas eran las mismas cuatro invitaciones que un joven judío le hace a su mujer el día de su boda. Dios no solo estaba liberando a Israel; le estaba proponiendo matrimonio. La llamó su "posesión preciada" (Éxodo 19:5), las mismas palabras que un novio usaría para su novia.
Ezequiel 16:9-14 NTV resalta esto con aún más detalle: "Luego te bañé, te limpié la sangre y te froté la piel con aceites fragantes. Te vestí con ropas costosas de lino fino y de seda con bordados hermosos, y te calcé con sandalias de cuero de cabra de la mejor calidad. Te di joyas preciosas, pulseras y hermosos collares, un anillo para la nariz, aretes para las orejas y una hermosa corona para la cabeza. Así quedaste adornada con oro y plata. Tus ropas eran de lino fino con bordados hermosos. Comiste los mejores alimentos —harina selecta, miel y aceite de oliva— y te pusiste más hermosa que nunca. Parecías una reina ¡y lo eras! Tu fama pronto se extendió por todo el mundo a causa de tu belleza. Te vestí de mi esplendor y perfeccioné tu belleza, dice el SEÑOR Soberano.”
Pero el desafío de amar a una novia como la iglesia es su corazón promiscuo. A veces es seducida por el poder y la grandeza del mundo. Otras veces entrega su corazón a ideologías impensables e idolatría, cometiendo adulterio con los enemigos de Cristo. Pero por alguna razón, Dios la busca, la restaura y la trae de regreso.
Esta visión de la pasión que Dios tiene por la iglesia nos da una esperanza tremenda. Por mucho que hayamos “sufrido” las imperfecciones y males de la iglesia, todos nosotros hemos sido culpables de hacer las mismas cosas que criticamos en ella. Somos la iglesia. Sin embargo, Jesús todavía nos extiende su corazón y su gracia. Cristo nos busca, nos da la bienvenida a casa, lava nuestro pecado y nos colma de su amor.
¿Qué busca el Señor? Busca un pueblo que se mantenga firme en Cristo, fiel, que se atreva a creer que es parte de la amada novia de Cristo.
Un pueblo que no mire a través de sus ojos naturales sino a través de los Suyos, que se vea a sí mismo como Él lo ve, a través del lente de la justicia divina. Este es el comienzo necesario para cumplir la gran misión de Dios. Servirlo por amor. En respuesta a Su amor.
Pero además de ser un novio apasionado, LA IGLESIA es también el lugar donde Él vive.
Varias veces escuche decir a algunas personas que el último lugar al que irían para intentar encontrar a Dios sería la iglesia. Esto es trágico para esas personas.
La iglesia está diseñada para ser el lugar de Su presencia. Desde el principio, el propósito y la pasión de Dios fue estar presente con su pueblo. Génesis 3:8 relata a Dios en un jardín, caminando con la humanidad al fresco del día.
La mayoría de las cosas en las que la gente piensa cuando piensa en la iglesia fueron respuestas a la rotura de nuestra comunión con Dios y haber expulsado su presencia. La ley, los sacrificios y los sacerdotes para mediar eran muletas para atraer a un Dios que habíamos alejado debido a nuestro pecado, pero no eran parte del diseño original de Dios. El plan es y fue siempre una relación restaurada, íntima y cara a cara con él.
De hecho, toda la creación redimida será un templo en la comunión íntima. Apocalipsis 21:22-23 PDT dice: “No vi ningún templo en la ciudad, pues su templo era el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna porque el esplendor de Dios la ilumina y el Cordero es su lámpara.”
La presencia de Dios entre su pueblo siempre ha estado en su corazón. La visión de Dios no era un edificio al que pertenecer, sino un pueblo entre el cual caminar.
Moisés, conocido por hablar cara a cara con Dios como un amigo, pareció entender este punto clave. En una conversación con Dios mientras se dirigían a la tierra prometida, dijo que si la presencia de Dios no los acompañaba, se negarían a irse (Éxodo 33:16).
Moisés preguntó: v. 16 ¿Cómo se sabrá que me miras con agrado —a mí y a tu pueblo— si no vienes con nosotros? Pues tu presencia con nosotros es la que nos separa —a tu pueblo y a mí— de todos los demás pueblos de la tierra. (Otra traducción dice “¿Qué más nos distinguirá a mí y a tu pueblo de todos los demás pueblos sobre la faz de la tierra?”).
¿Qué más los distinguiría de las naciones que los rodeaban? No era la circuncisión, no eran las cosas que no comían para no contaminarse, no era el Shabat ni las celebraciones habituales, no eran los mandamientos ni ninguna otra marca distintiva del pueblo judío, a pesar de estas otras marcas, Moisés sabía que la presencia de Dios era lo que realmente diferenciaba al pueblo de Dios de las naciones que lo rodeaban.
Las otras distinciones eran simplemente límites sociales, culturales y religiosos que cualquier comunidad podía mostrar. ¿Pero la presencia de Dios? Eso era inconfundible. Moisés lo había visto con sus propios ojos.
En definitiva, lo que distingue al pueblo de Dios no son sus ritos, sino su Presencia.
Cuando entendemos que lo único que Él desea es que lo conozcamos íntimamente, todo cambia. El peso de nuestras acciones ya no está en la obligación, sino en la respuesta al amor.
Como Moisés, digamos hoy: ‘Señor, si tu presencia no va con nosotros, no queremos seguir adelante’. Que no nos dé lo mismo vivir sin Él. Porque ¿hay algo más valioso que estar, caminar y vivir con el que nos ama tan profundamente?
Hoy podemos decidir que no nos da lo mismo vivir sin su presencia. Hoy podemos responder al amor del Novio con fidelidad. Hoy podemos vernos como Él nos ve: amados, redimidos, su especial tesoro. Esforcémonos por conocerlo íntimamente.