Cuando una oveja tiene un buen Pastor, no tiene que vivir atormentada.
Salmo 23 nos recuerda que nuestro Pastor no solo nos guía: nos cuida, nos unge, nos corrige, nos protege y permanece con nosotros aun en medio del valle.
Pero así como las ovejas enfrentan moscas, enfermedades y peleas, nosotros también debemos cuidar lo que permitimos entrar a nuestra vida.
Las malas compañías contaminan.
Lo que consumes moldea tu mente.
La falta de perdón atormenta el alma.
Y vivir lejos de la presencia de Dios nos hace vulnerables.
Por eso, no dependas de la presencia de Dios en otros. Conoce al Espíritu Santo tú mismo. Pasa tiempo con Él. Escucha su voz. Permite que su influencia sea tan fuerte en ti que comience a verse por fuera: amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
No vivas lleno de tormentos. Vive lleno del Espíritu Santo.
“El Señor es mi pastor, nada me falta.” Salmo 23:1