Fuimos creados para vivir en comunión con Dios, completamente llenos de su Espíritu. Cuando bebemos de Su agua viva, nuestra vida se convierte en un río que fluye, sana y transforma todo a su paso. No se trata de un momento, sino de un estilo de vida: vivir continuamente llenos de Él, donde este río brota desde nuestro interior e impacta todo a nuestro alrededor.