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En Cristo, Dios ha reconciliado a judîos y gentiles, formando una sola familia. la iglesia. Ahora somos evidencia viva de su plan eterno y tenemos la misiôn de compartir este misterio, manifestando su sabidurîa al mundo.
Pablo ora para que seamos fortalecidos por el Espiritu, arraigados en amor y capaces de comprender la inmensidad del amor de Cristo. Nuestra vocacion es reflejar la nueva creaciôn y ser llenos de toda la plenitud de Dios.
En Cristo pasamos de muerte a vida. A través de Efesios 2:1-10, descubrimos cómo la gracia, el amor y la misericordia de Dios transforman nuestra historia, nos dan una nueva vida y nos permiten vivir por fe.
La salvación no es el resultado de nuestras obras, sino un regalo de Dios que transforma nuestro caminar y nos lleva a reflejar el carácter de Jesús en todo lo que hacemos.
En Efesios descubrimos nuestro propósito eterno, la esperanza de nuestro llamado, las riquezas de nuestra herencia y el poder de Dios que obra en nosotros.
Somos su pueblo, le pertenecemos y vivimos para alabanza de su gloria. ¡Su plan se cumplirá y su propósito prevalecerá!
Deseamos tener más de Dios, pero no siempre abrimos espacio ni preparamos un lugar para Él.
En este mensaje aprendemos a hacer espacio para que Dios obre en nosotros, reconociendo la necesidad de perdonar y de trabajar con las fortalezas del razonamiento humano, los falsos argumentos, la arrogancia y los pensamientos rebeldes.
En ese espacio con Dios, Él nos ofrece su reposo y comunión, nos invita a permanecer en Él y nos guía por medio de su Palabra.
2 Reyes 4:11-17
Este fin de semana aprendimos sobre la Trinidad en una predicación doctrinal que nos invita a conocer más profundamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: tres personas distintas, iguales en esencia, que son un solo Dios.
A través de una enseñanza práctica y sencilla, exploramos este gran misterio de nuestra fe y profundizamos en quién es nuestro Dios.
Como cristianos, somos llamados a amar a Dios y a amar a los demás como a nosotros mismos. Y es a partir de conocer quién es nuestro Dios que podemos comprender, recibir y vivir ese amor verdadero.
Mateo 28: 18-20
En este mensaje aprendimos cómo vivir por el Espíritu: examinando nuestro corazón a la luz de la Palabra, asumiendo nuestra responsabilidad y ayudándonos unos a otros a llevar nuestras cargas con amor.
No se trata de buscar agradar al hombre, sino a Cristo, y de vivir de acuerdo con su Palabra, permitiendo que ella transforme nuestra manera de pensar, actuar y relacionarnos con los demás.
Isaias 42.20-22
¿Qué perfume estamos ofreciendo a Dios? ¿Es nuestro servicio un perfume grato para Él?
Este fin de semana estudiamos la historia de María, quien derramó a los pies de Jesús un perfume muy caro. Su aroma impregnó todo el lugar y Jesús recibió este acto de amor como una ofrenda preciosa, que también anunciaba su sepultura.
Tu servicio a Dios es un perfume valioso, abundante y único, entregado para Jesús. Cada acto de amor, cada esfuerzo y cada «sí» pueden convertirse en una ofrenda que honra su nombre.
En este mensaje aprenderemos de la historia de María y descubriremos cómo nuestro servicio, cuando nace de un corazón dispuesto, puede alegrar el corazón de Jesús.
Juan 12:1-8
Cerramos la serie “Un verano en el corazón de los Salmos” con el Salmo 150, un llamado a la alabanza que nos invita a responder preguntas esenciales: ¿a quién alabamos?, ¿cómo alabamos?, ¿dónde alabamos?, ¿quién debe alabar y por qué alabamos?
Alabamos a nuestro Padre celestial por sus proezas y su grandeza, siempre y en todo lugar, con todo lo que somos y hacemos. La alabanza no se limita a la iglesia; es una forma de vivir que debe reflejarse en cada área de nuestra vida.
La palabra “Aleluya” es un llamado, un mandato a alabar a Dios. Por eso, entramos en una nueva temporada llevando con nosotros su presencia y viviendo desde su reposo, alabándolo con todo lo que somos.
¡Aleluya!
Salmo 150
Somos la familia de Dios: una familia unida, firme y que crece. Este es el corazón detrás de los Grupos Nueva Vida: espacios donde podemos practicar la koinonía y vivir en comunidad.
Pero ser esta familia de Dios demanda de nosotros esfuerzo. Hay enemigos de la unidad que debemos esforzarnos en evitar, siendo portadores de paz. No se trata de nosotros intentando construir una familia, sino de reconocer que esa paz, ese amor y esa unidad vienen de Dios.
Para permanecer firmes, debemos ser una iglesia sólida que no se aparta de la verdad, no dejando de congregarnos, sino perseverando juntos, teniendo como guía la Palabra de Dios.
Porque una familia que crece no solo crece en número, sino también en madurez espiritual y en su relación con Dios.
Salmo 133
Las luchas y batallas que enfrentamos no siempre son las que elegimos, pero aun en medio de ellas, Dios se revela como nuestra roca y nuestro refugio. Él no siempre hace desaparecer la lucha, sino que la utiliza para formarnos, fortalecernos y prepararnos.
A través de cada batalla, nuestra fe es moldeada y aprendemos a reconocer su bondad y fidelidad de una manera mucho más profunda. Al final, esa formación nos llevará a levantar su nombre y adorarle, porque aun en medio de la dificultad podemos confiar en que Él tiene la última palabra.
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Bienvenido al podcast de Iglesia Nueva Vida.
Cada semana, descubre la predicación del domingo que fortalecerá tu fe y consolidará tu caminar espiritual.
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