En muchas ocasiones, los cristianos se portan como cualquier otro, juzgándose, despreciándose y separándose sobre cuestiones que no son claras.
En los capítulos 14 y 15 de Romanos, Pablo presenta otra opción radicalmente opuesta. Su enseñanza es sencilla, pero tiene implicaciones profundas acerca de cómo mantener la paz y la unidad de la iglesia.