Pr. Elías Roselló
Dichoso aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado. Dichoso aquel a quien el Señor no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día, porque de día y de noche me abrumaba tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: «Confesaré mis rebeliones al Señor», y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente, en la inundación de muchas aguas no llegarán estas a él. Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. «Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti». Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en el Señor, lo rodea la misericordia. Alegraos en el Señor y gozaos, justos; ¡cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón!
Salmo 32