Las características del discipulado integral son: 1. guardar el corazón, escuchando la Palabra de Dios, prestando atención a ella, a verdades bíblicas y 2. evaluar mi actuar: mi boca, mis ojos y pies, que simbolizan el hablar con el fin de edificar a otros, vivir teniendo como visión la gloria de Dios y un quehacer que agrada a Dios.