Es una tendencia de cada creyente en Cristo Jesús, de abandonarlo, de darle la espalda, lo que muestra que el pecado que mora en nosotros, expresando en diversos ídolos, está gobernado nuestro corazón, sin embargo la buena noticia, es que el poder que mora en nosotros es más grande que nuestra debilidad pecaminosa, es el poder del Espíritu Santo, es Dios mismo en nosotros.