Defender la igualdad como el derecho de todo ser humano a gozar de una vida digna, ha costado la vida a millones de personas a lo largo de la historia, y sigue levantando ampollas en aquellos que nacen con privilegios, obtenidos por la estratificación inveterada de la sociedad en clases: los de arriba y los de abajo. Un derecho que desde 1948 está recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, que los privilegiados pretenden desvirtuar a través del concepto de igualitarismo que arteramente asocian a dictaduras radicales de corte comunista. Camuflan así que la igualdad busca el equilibrio entre derechos y obligaciones, y que el igualitarismo no pretende establecer ninguna dictadura roja o fascista, sino los mecanismos que reduzcan la desigualdad entre los que tienen todo y los que no tienen nada que crece exponencialmente en el último decenio.