Al celebrarse el Segundo Domingo de Adviento, Monseñor Carlos Castillo hizo un importante llamado a reconocer nuestros límites para entrar en un proceso de conversión y evitar que la corrupción se normalice y enquiste en todos los ámbitos de la vida, inclusive dentro de la Iglesia: «En la Iglesia hay procesos corruptivos muy graves que todavía no acabamos de solucionar porque hay mil formas de esconder la corrupción en la Iglesia. Y justamente, porque tenemos el rótulo de católicos y de que ‘no nos equivocamos’, resulta que siempre hay la posibilidad de que alguien delinca con la cobertura de la Iglesia. El corrupto encubre su error y pretende – adornando su error o diciendo que nada grave ha sucedido – sepultar la posibilidad de convertirse y cambiar, porque cree que todo es normal. ¡Y no es normal!», comentó en su homilía.