La globalización e inmediatez que procura la tecnología digital acelera la vida, subvierte la temporalidad que marca el reloj, y crea un esquema que nos anima a querer estar, querer saber, querer tener al momento todo aquello que deseamos, como si la realidad se pudiera amoldar a nuestro gusto e interés; olvidando que las circunstancias siempre tienen su propio proceso. Su propio ritmo. La vida se convierte así en una impaciencia constante de la que nace el estrés y el ansia, como principales males del mundo moderno. Se evapora también la necesaria tranquilidad para enfrentar con entereza y con optimismo los sinsabores que siempre nos presenta la vida. Tranquilidad que tiene en la paciencia el principal antídoto para salir de los problemas, de las pandemias, y de las agonías inútiles por aquello que está por encima de nuestras posibilidades. Paciencia que además nos procura un mayor placer y saboreo, cuando alcanzamos por su camino las cosas que queremo