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Cada incendio forestal deja tras de sí una huella negra visible en los montes, pero existe otra cicatriz silenciosa que amenaza directamente a nuestra salud: la contaminación del agua potable tras las primeras lluvias. Cuando el fuego se extingue y el cielo por fin se abre, la lluvia arrastra cenizas, metales pesados y compuestos tóxicos hacia ríos y embalses, creando una segunda ola de peligro que pasa desapercibida para la mayoría. La ciencia lo tiene claro: los incendios no terminan cuando se apagan las llamas, sino cuando las cuencas hidrográficas logran recuperarse… algo que puede llevar años.
By AbbcastCada incendio forestal deja tras de sí una huella negra visible en los montes, pero existe otra cicatriz silenciosa que amenaza directamente a nuestra salud: la contaminación del agua potable tras las primeras lluvias. Cuando el fuego se extingue y el cielo por fin se abre, la lluvia arrastra cenizas, metales pesados y compuestos tóxicos hacia ríos y embalses, creando una segunda ola de peligro que pasa desapercibida para la mayoría. La ciencia lo tiene claro: los incendios no terminan cuando se apagan las llamas, sino cuando las cuencas hidrográficas logran recuperarse… algo que puede llevar años.