Delcy Rodríguez se cree impune. Su política de excarcelación y
detención de presos es solo una de las manifestaciones de la
arbitrariedad consentida hasta ahora por la administración Trump. Ella
manda y se lo hace saber a la oposición interior y a la exterior. A
María Corina Machado, a quien no se había dirigido directamente desde
que ascendió a la presidencia, le ha hecho saber que, si regresa,
“tendrá que responder ante Venezuela”.
Rodríguez acusa a Machado
de pedir una intervención militar, de reclamar sanciones contra
Venezuela y de aplaudir las acciones del 3 de enero. Se olvida,
intencionadamente, de que la única beneficiaria de todas las decisiones
que desde el 3 de enero viene desplegando la administración Trump en
Venezuela es ella, Delcy Rodríguez, y no María Corina Machado. La
anunciada Ley de amnistía se ha visto paralizada en la Asamblea
Nacional, las elecciones no llegan y, de momento, tampoco se las espera.
¿Qué papel juegan Trump y Rubio en esta estrategia? La parálisis
reformista parece el precio que el búnker chavista le ha pedido a Trump a
cambio de su obediencia. Trump no esconde su entusiasmo y reconoce
públicamente que las relaciones con la presidenta encargada son
extraordinarias. Ambos han llegado a acuerdos económicos rentables. Las
libertades públicas y los derechos civiles, la amnistía y la liberación
de los presos y, por supuesto, la convocatoria de elecciones, parece que