La vida nos enseña que siempre hay que volar alto… más alto que la envidia, más que el dolor, la maldad, más alto que el miedo y los juicios, que la envidia, la competencia, la comparación, la culpa, la vergüenza, el victimismo y la falta de perdón… siempre hay que volar alto, donde algunas palabras no puedan ofendernos, donde algunos gestos no puedan herirnos, donde algunas personas nunca puedan llegar…