Se nos va de ojo que a diario nos sometemos al escrutinio de los demás, siempre atentos a denotar nuestros errores e imperfecciones, que a valorar nuestros aciertos y virtudes.
Escrutinio constante que genera angustia y depresión por no estar siempre a la altura de lo que se exige de nosotros.
Por el camino perdemos el valor humano de comprender la imperfección de los demás, pues la imperfección es la que impulsa a Sapiens a mejorar y progresar. Reconocernos imperfectos nos humaniza y nos mejora, y nos devuelve el tiempo pausado para compartir con los demás las cosas pequeñas de la vida que nos enriquecen, y nos libera del tiempo mercantil que nos hace vivir deprisa, obsesionados con cumplir todas las exigencias que se nos piden para ser productivos. El gran tótem del tiempo presente. ¡Que no se te vaya de ojo!