Nadie nos enseñó a hablar en público. Nos enseñaron a resolver ecuaciones de segundo grado y a memorizar afluentes, pero no a defender una idea en voz alta sin que nos tiemble la voz. Y resulta que eso, y no las ecuaciones, es lo que termina decidiendo entrevistas, negociaciones, clientes y relaciones. De esto, y de cómo la tecnología está enturbiando justo la parte que importa, va el segundo episodio de El Banco. Te venden con bots, pero te compran las personas A Luisma le pasó esta semana algo que lo resume todo. Recibió la típica cadena de correos automatizados de un comercial: uno, otro y otro, porque no contestaba. Cuando respondió al tercero medio en broma, sabiendo que detrás había un bot, el vendedor se ofendió y le preguntó si le hacía gracia. La paradoja es perfecta. Me cuelo en tu correo sin saber siquiera de dónde saqué tu email, te meto en una secuencia que no has pedido, y encima me molesto si no te la tomas en serio. LinkedIn ha terminado igual. El "he creado este mapa mental, escribe CLOUD y te lo envío" que junta cientos de comentarios cuya única función es decirle al algoritmo que esa persona es una autoridad. El "responde NO para dejar de recibir", que no te saca de ninguna lista, solo confirma que has abierto el mensaje. Herramientas como ManyChat que disparan un mensaje privado automático a todo el que comenta una palabra. Conversaciones donde no hablas con nadie, porque al otro lado solo hay una máquina: le contestas y sigue la máquina. Hay un detalle que casi nadie se plantea y que comentamos en el episodio: si quitas "CEO" o "director general" del titular de tu perfil, dejas de aparecer en los filtros con los que segmentan los que automatizan, y te llega muchísimo menos spam. No arregla el problema, pero dice mucho sobre cómo funciona el problema. Y lo importante es lo de después, porque quejarse de los bots es fácil y hacer lo otro es lento. Lo que de verdad funciona no tiene atajo. A un contacto que conocimos en un evento en Madrid en 2018 le hemos vendido la semana pasada: siete años de relación, sin prisa y sin secuencias automáticas. LinkedIn no sirve para cerrar ventas a lo bestia. Sirve para abrir conversaciones. Lo que venga después, si viene, lo deciden las personas. Marca personal: por qué a los jefes les da pánico la cámara Una pregunta que me hago a menudo: ¿por qué hay directivos, fundadores y responsables que dicen "yo no salgo en vídeo, yo no escribo en LinkedIn", cuando ponerse delante del público casi siempre trae cosas buenas? La respuesta casi nunca es falta de tiempo. Es miedo a exponerse. Síndrome del impostor. La sensación de no tener autoridad para dirigirse a los demás, de que alguien va a juzgar, de que no va a salir perfecto. La solución no es forzarse, porque forzado no sale bien. La solución es entender que comunicar es una habilidad, no un don. Yo me acuerdo de la primera vez que me puse delante de un micrófono, en 2020. Lo guionizaba todo, lo escribía todo, me costaba un mundo. Hoy me siento y hablo. No cambió mi talento. Cambiaron las horas. Y para una empresa, que su gente comunique en primera persona, sin filtros, ante clientes, proveedores y competencia, hoy vale más que casi cualquier campaña. El problema viene del cole Todo esto se arrastra desde el colegio. No nos enseñan a hablar en público, ni a ordenar las ideas, ni a escribir con claridad, ni a perder el miedo a levantarnos y decir lo que pensamos. Y en España le sumamos una capa cultural: arrancas algo, no te sale perfecto y ya tienes diez seleccionadores nacionales listos para crucificarte desde el sofá. Tengo un amigo de toda la vida que hoy juega al fútbol profesional delante de decenas de miles de personas y que de niño no era capaz de salir a la pizarra. Se desmayaba. Lo cuento porque desmonta la excusa: el miedo escénico no es una sentencia, es un punto de partida. Y sobre los que critican sin hacer nada, me quedo con la imagen que escuché de un creador: cuando vas por la calle y te ladra un perro, no te agobias ni te ofendes. En internet es parecido. Esa persona no te conoce, no te está valorando, está juzgando diez segundos de algo. Igual tuvo un mal día. No merece ni un minuto de tu energía. Lo que queda cuando apagas el ruido El episodio termina en un sitio raro para una charla que empezó hablando de spam. Cumplí 40 hace poco y pienso más en el tiempo que me queda. Y la conclusión a la que llegamos Luisma y yo, una y otra vez, es la misma: por mucha automatización, mucha herramienta y mucha pantalla, lo único que de verdad importa son las personas. Son las que te enseñan, las que te ayudan, las que te sorprenden y las que terminan comprándote. Todo lo demás es ruido bien empaquetado. En este episodio 00:00 — De dónde vienen nuestros nombres 00:00 — La plaga de bots de ventas: LinkedIn y, sobre todo, el email 00:00 — Le contestas a un comercial automatizado y se enfada 00:00 — ManyChat y el "escribe CLOUD y te lo envío" 00:00 — Para qué sirve LinkedIn de verdad: abrir conversaciones 00:00 — La venta que tardó siete años en cerrarse 00:00 — Por qué programar tus publicaciones te hunde el alcance 00:00 — Marca personal y el miedo a exponerse 00:00 — El cole no nos enseña a hablar en público 00:00 — Los 40, el tiempo y por qué al final siempre están las personas