Muchos dicen seguir a Dios, pero su corazón está lejos. Cumplen rituales, conocen doctrina, hacen obras… pero no aman. El verdadero distintivo del cristiano no son los dones, ni la religión, ni la tradición: es el amor. Amar a Dios con todo el ser y amar a los hermanos, incluso a quienes cuesta. Sin amor, todo lo demás es nada. El cristianismo auténtico es amar como Dios nos amó primero.