Y tú, ¿Qué tipo de sal eres?
Tú y yo fuimos llamados a ser sal que preserva, que da sabor, que transforma.
Pero debemos cuidarnos de convertirnos en una sal que pierde su propósito o que daña más de lo que ayuda.
Que tu vida sea un testimonio vivo del amor de Dios, que le dice no al pecado, da esperanza y deja sabor a Cristo dondequiera que vayas.