En Oriente Medio, IRÁN y Arabia Saudí libran desde hace más de 45 años una auténtica guerra fría por la hegemonía política y religiosa del mundo musulmán. Intereses geopolíticos y religiosos se confunden en una de las encrucijadas estratégicas del planeta.
El inicio del enfrentamiento entre IRÁN y Arabia Saudí tuvo lugar en 1979. La monarquía del SHA de Persia fue derrocada por una revolución islámica. La creación de una república chií en IRÁN modificó los equilibrios de la región. El SHA era un fiel aliado de Estados Unidos en Oriente Medio contra la URSS y los regímenes panarabistas-socialistas. El nuevo régimen de Teherán aspiraba a que su revolución religiosa, con un fuerte carácter antiimperialista, se expandiera y destruyera las monarquías del Golfo, “títeres” de Washington y tolerantes con Israel.
La debacle del régimen del SHA permitió a Arabia Saudí, de credo suní, presentarse como un gendarme sustitutorio en la región, al tiempo que desarrollaba su propia agenda política. Entre 1965 y 1975, el rey Faisal de Arabia había emprendido un programa de modernización y expansión que aprovechaba la derrota de Egipto y Siria a manos de Israel en la guerra del Yom Kipur (octubre de 1973).
A partir de 1981, capitaneadas por Riad, las monarquías árabes se agruparon en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para protegerse del peligro que suponía el nuevo IRÁN. Riad siempre ha temido una sublevación de la minoría chií, que vive en el este del país, sobre la mayor parte de las reservas de crudo y a poca distancia de las aguas territoriales iraníes. Arabia Saudí también participó en la campaña de apoyo a los muyahidines contra la invasión soviética de Afganistán orquestada por la CIA.
Teherán ha tenido que mantener el equilibrio entre sus posibilidades reales y sus elementos más idealistas. A partir de 1979, Estados Unidos impuso sanciones económicas al régimen iraní. Este tipo de medidas, ampliadas en 2006 por la ONU, después de que IRÁN se negara a suspender su programa de enriquecimiento de uranio, ha tenido un fuerte impacto en la economía del país.
IRÁN no llegó a un acuerdo con Occidente para paralizar su programa nuclear hasta 2015, pero el levantamiento de las sanciones tras el acuerdo en un contexto de precios del petróleo contenido no bastó para animar el crecimiento económico, toda vez que la administración Trump impuso más sanciones en el periodo 2017-2021.
En cambio, los ingresos generados por el petróleo (10 millones de barriles diarios y reservas probadas de 280.000 millones de barriles) han permitido a Arabia Saudí comprar inmensas cantidades de armamento. En la actualidad, con un presupuesto anual de 48,5 billones de dólares, es el país que más gasta en defensa de la región.