Del ruido del acero nace una forma de fe. En el estruendo de motores y guitarras se forja una mitología obrera: sudor convertido en epopeya, disciplina hecha rito. Una máquina de sonido que atraviesa décadas sin detenerse, sostenida por la lealtad y el pulso de millones. En su rugido resuena la misma pregunta de siempre: ¿cuánta fuerza hay que tener para no caer cuando todo lo que amas también te devora?