Es una de las Islas más aisladas de la Tierra, sus aborígenes han dejado un patrimonio excepcional: viviendas, altares ceremoniales y sobre todo cerca de 900 moáis, gigantescas estatuas que miden de 3 a 5 metros en promedio. Construidos entre los siglos XIII y XVII, fueron esculpidos en bloques de toba, una roca volcánica extraída del volcán Rano Raraku mucho antes de contar con la rueda y el metal en la isla.